Todos recordamos que siendo más pequeños era común "subir a las antenas", "ir a por renacuajos a los pocitos", "jugar en la piedra resbaliza", ""sentarnos en la sillita del rey", "encaramarnos en los canchos",...
Con el club redescubrimos aquellos tiempos y los convertimos en actualidad. Aunque no exista la vereda que sube a la cima de la Sierra de San Serván y la piedra resbaliza no tenga la asistencia de otros tiempos, para nosotros no ha perdido ese toque mágico de las cosas únicas, inigualables, que siempre han estado ahí y se mantienen incorruptibles con el paso del tiempo.
El 16 de mayo, con las ausencias que bodas, pinturas y otros quehaceres provocaron, una expedición de casi 30 personas aprovecharon un día de sol y temperaturas cálidas (que no tórridas como las que se avecinan) para reconocerse en esos lugares en los que tanto se divirtieron antaño. Fue un disfrute caminar la vereda de pastores y cazadores, rodeados de vegetación, y también lo fue detenerse y regocijarse en emblemáticos lugares como los nombrados anteriormente.
Seguro que desde el alto de alguno de aquellos canchos más de uno miraría al horizonte, divisando en primer plano al pueblo, recordando que esa vista era parecida a la que tenía de pequeño.
Con el club redescubrimos aquellos tiempos y los convertimos en actualidad. Aunque no exista la vereda que sube a la cima de la Sierra de San Serván y la piedra resbaliza no tenga la asistencia de otros tiempos, para nosotros no ha perdido ese toque mágico de las cosas únicas, inigualables, que siempre han estado ahí y se mantienen incorruptibles con el paso del tiempo.
El 16 de mayo, con las ausencias que bodas, pinturas y otros quehaceres provocaron, una expedición de casi 30 personas aprovecharon un día de sol y temperaturas cálidas (que no tórridas como las que se avecinan) para reconocerse en esos lugares en los que tanto se divirtieron antaño. Fue un disfrute caminar la vereda de pastores y cazadores, rodeados de vegetación, y también lo fue detenerse y regocijarse en emblemáticos lugares como los nombrados anteriormente.
Seguro que desde el alto de alguno de aquellos canchos más de uno miraría al horizonte, divisando en primer plano al pueblo, recordando que esa vista era parecida a la que tenía de pequeño.
El pueblo asentado en la planicie, enmarcado en los laterales y al fondo por campos de secano y regadío parece más una pintura idílica que algo real.
Las parcelas, vistas desde la lejanía, con sus lindes rectas tan bien delimitadas y los diferentes contrastes que dan los marrones de la tierra húmeda o seca y el verdor de los distintos cultivos (maizales, olivares, viñedos, frutales,...), se diría que han nacido de la imaginación de un pintor más que de la evolución de los años y del desarrollo de la población.
En definitiva, aquellos que sintieron este 16 de mayo algo parecido a lo que se relata, en el interior se dirían:
"¡qué bien se está aquí!
¡qué distinto y bien estructurado se ve el pueblo desde la distancia!
¡qué distinto y bien estructurado se ve el pueblo desde la distancia!
¡qué cerca estamos y que ajena nos parece esta naturaleza!
¡soy hijo del pueblo y sus campos!
¡soy hijo del pueblo y sus campos!
¡qué alegría ser de aquí!
¡al campo quiero volver porque también es mi casa!"
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Cuéntanos lo que te parezca oportuno, siempre con intención constructiva