
Después de muchas intentonas llegó el día de la ruta a la Cueva de la Monea. ¡Y qué día! Con el sol de compañía, calentando lo justo para que el aire que se movía no nos enfríase.
Vimos las primeras flores blancas de las jaras y entre los 32 asistentes compartimos charlas de muchos y variados temas, pero con uno común, lo bonito que está el campo, la belleza de nuestro entorno y las posibilidades que desaprovechamos de disfrutarlo.
La creación del club de senderismo recreativo (enfatizando recreativo sobre competitivo), nos va a ofrecer la oportunidad de convivir con la naturaleza y con tanto bueno como nos rodea por tierras extremeñas.
La ruta transcurrió según lo previsto, sin percances (por no contar lo de las pinturas rupestres), dentro de un horario cómodo, que no nos obligó a acelerar el paso en ningún momento y que nos concedió la oportunidad (poco aprovechada) de poder contemplar paisajes preciosos mientras caminábamos o desde la propia Cueva de la Monea. Unos no conocían esos parajes, otros no los visitaban desde hacía mucho tiempo, a todos nos parecía habernos adentrado en otra región, más norteña, más húmeda, más verde. Pero seguíamos en casa, aunque en una parte de la casa espectacular y poco transitada.
Mientras reponíamos fuerzas y algunos nos adentrábamos en la misteriosa y legendaria cueva, proponíamos la posibilidad de asociarse al club, detallando las ideas y esperando sugerencias. ¡Todos!, repito, ¡Todos! los presentes se han asociado, supongo que con eso ya no hace falta sacar más conclusiones de esta primera ruta organizada.
¡Pronto más!
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